De nuevo se repiten las actuaciones del Banco Central Europeo para afrontar las dificultades de la estabilidad de los precios de la deuda pública y, al mismo, tiempo controlar la liquidez del sistema.
El pasado 2 de diciembre, de nuevo, ha vuelto a intervenir. Pero al igual que lo ha hecho en otras ocasiones como a principios de este año 2010 y a finales del 2008, su actuación no se ha desarrollado de forma suficiente y eficiente para prestar las atenciones que necesitan los mercados hoy en día.
El BCE ha creado un mecanismo de actuación europeo para dar cabida a los rescates como el de Grecia. Pero los problemas de los mercados no se quedaban ahí, sino que llegó la medianamente esperada noticia de la necesidad de rescate de Irlanda lo que desencadenó importantes tensiones en las cotizaciones de la deuda pública de los países periféricos y de aquellos con un descendiente nivel de confianza (como España).
Este tipo de medidas han sido muy necesarias e importantes para el mantenimiento de la confianza de los inversores tanto nacionales como vecinos; pero, muy a nuestro pesar, este tipo de actuaciones desarrolladas por el ente supranacional presidido por Jean-Claude Trichett, no son soluciones definitivas a los problemas actuales en cuanto a la coyuntura financiero nos referimos. A pesar de ser extremadamente necesarias las actuaciones del BCE, nos han servido, ni más ni menos que para evitar “altercados” entre mercados y suavizar, dentro de lo posible, la volatilidad de éstos.
Puede que en anteriores situaciones financieras (no tan enmarañadas como
la actual), este tipo de mecanismos e instrumentos de actuación sirviesen, no solo de control, sino también de reparación; pero no ahora. Además de éstas, todos lo miembros comunitarios deben aportar y concentrar su trabajo en elevar el nivel de confianza de los inversores y en desarrollar instrumentos y actividades que impidan seguir cayendo en este bucle, además de no volver a hacerlo en disposiciones futuras.
El pasado 2 de diciembre, de nuevo, ha vuelto a intervenir. Pero al igual que lo ha hecho en otras ocasiones como a principios de este año 2010 y a finales del 2008, su actuación no se ha desarrollado de forma suficiente y eficiente para prestar las atenciones que necesitan los mercados hoy en día.
El BCE ha creado un mecanismo de actuación europeo para dar cabida a los rescates como el de Grecia. Pero los problemas de los mercados no se quedaban ahí, sino que llegó la medianamente esperada noticia de la necesidad de rescate de Irlanda lo que desencadenó importantes tensiones en las cotizaciones de la deuda pública de los países periféricos y de aquellos con un descendiente nivel de confianza (como España).
Este tipo de medidas han sido muy necesarias e importantes para el mantenimiento de la confianza de los inversores tanto nacionales como vecinos; pero, muy a nuestro pesar, este tipo de actuaciones desarrolladas por el ente supranacional presidido por Jean-Claude Trichett, no son soluciones definitivas a los problemas actuales en cuanto a la coyuntura financiero nos referimos. A pesar de ser extremadamente necesarias las actuaciones del BCE, nos han servido, ni más ni menos que para evitar “altercados” entre mercados y suavizar, dentro de lo posible, la volatilidad de éstos.
Puede que en anteriores situaciones financieras (no tan enmarañadas como
la actual), este tipo de mecanismos e instrumentos de actuación sirviesen, no solo de control, sino también de reparación; pero no ahora. Además de éstas, todos lo miembros comunitarios deben aportar y concentrar su trabajo en elevar el nivel de confianza de los inversores y en desarrollar instrumentos y actividades que impidan seguir cayendo en este bucle, además de no volver a hacerlo en disposiciones futuras.
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